Todxs podemos ser Grace Kelly

Luego de nuestra proyección de La ventana indiscreta, película central para las teorías de la mirada en el cine, me quedé obsesionada con una faceta que suelo pasar por alto: la triste mirada de Grace Kelly. ¿Qué mira este personaje a través de la ventana? ¿Cómo la afectan las imágenes de las vidas ajenas?

Recientemente proyectamos La ventana indiscreta en nuestro ciclo de Calor. Esta es una de mis películas favoritas porque fue la que me inició en el amor por el cine. Recuerdo que vimos el inicio en una clase de la escuela cuando yo tenía dieciséis años. Fue un flechazo inmediato de puro placer visual. Primero me agarraron sus colores y su escenografía de papel pintado (siempre quise vivir en uno de esos departamentos de colores saturados, con esos jardines y la ciudad de Nueva York a sus espaldas). Y el segundo elemento que me enamoró de la película fue, es y será Grace Kelly. Ella, con su belleza eternizada, los labios pintados de rojo, su pelo rubio perfectamente peinado y sus vestidos soñados. Grace Kelly es placer visual.

Su personaje, Lisa Fremont, es una modelo neoyorkina que está saliendo hace un tiempo con Jeffrie, un fotógrafo aventurero. El relato de la película se centra en él quien, inmovilizado en su casa por haberse quebrado la pierna, se entretiene observando a sus vecinos. Este espionaje lo lleva a sospechar que su vecino de enfrente asesinó a su mujer y Jeff tratará de descubrirlo.

Pocos films han sido tan analizados e interpretados. Probablemente es la película más utilizada en la historia para pensar y teorizar sobre la visión, el voyeurismo y el dispositivo cinematográfico en general. El análisis del papel de observador-voyeur de Jeff llena bibliotecas enteras, entre ellas incluso se encuentra la fundacional teoría de la “mirada masculina”.

Conociendo ya estas teorías e interpretaciones, esta última vez que vi la película no me interesó seguir pensando cómo el personaje de ella es observada por esa mirada “patriarcal”, solo podía pensar en dos cosas: cómo la veía yo y cómo ella veía a lxs otrxs. En esa búsqueda, llamó mi atención otra faceta del personaje de la princesa: su profunda tristeza.

¿Qué vio ella a través de la ventana?

Lisa se encuentra perdidamente enamorada de Jeffrie y quiere casarse, él cree que ella es demasiado frívola para acompañar su estilo de vida y por esta razón tiende a destratarla. En su primera aparición en la película, Lisa viene a proponerle a Jeff una cita romántica y le lleva a domicilio la cena perfecta de su restaurante favorito, pone la mesa con la vajilla correspondiente y dos candelabros para darle el toque. Mientras se ocupa de armar esta escena, los personajes posan su mirada sobre una ventana que a Lisa la conmueve particularmente: la ventana de la señorita del corazón solitario (o Miss Lonelyhearts).

Así apodada por los personajes, reducida a una solterona, Miss Lonelyhearts se encuentra en ese momento sola en su departamento y comienza a actuar como si estuviera teniendo una cita. Se levanta y pretende que recibe a alguien, que le toma el sombrero, sirve dos copas de vino, prende dos velas, se sienta frente al asiento vacío frente a ella y brinda a la nada antes de ponerse a llorar. La señorita hace la mímica de la felicidad, imita todos los pasos de una escena a la que no accede, una imagen ideal del amor romántico. Esta escena se presenta como un espejo de la fantasía que Lisa busca recrear en la casa de Jeff, realizando ella también la mímica de una pareja feliz.

Cuando la cámara se vuelve, la figura perfecta de Grace Kelly está (des)encuadradra por los candelabros de su pantomima, su mirada está fijada sobre la escena de enfrente, atrapada por esta. El personaje de Grace Kelly es hechizado por la imagen de esa ventana, es el espejo de una soledad que ni la belleza, ni las cenas o las velas pueden salvar.

Grace Kelly es siempre y especialmente en esta película la definición de glamour, en el sentido de esa cualidad que tiene alguien para ser admirado por su apariencia. Eso que en otras palabras yo nombré como el placer visual que me produce verla. Originalmente glamour o glamor provenía de la magia, su definición es la de un hechizo producido por la fascinación o un encanto realizado a través de la visión. Yo caigo hechizada cada vez que veo esta película, no puedo no quedar fascinada por su puesta en escena. Ahora, en un giro inesperado al que voy a denominar la primera paradoja, noto por primera vez que aquella que hechiza con su belleza también puede caer presa por el encanto de una visión. La paradoja es que no pueda, siendo ella un perfecto objeto de visión, distanciarse de esa operación encantadora.

¿Qué miramos cuando vemos fragmentos de vidas ajenas? ¿Qué creemos que podemos apre(h)ender efectivamente de éstas? 

Pensaba en cómo todas estas ventanas hacia las vidas de los vecinos son imágenes perfectamente construidas para darnos como espectadores (dentro y fuera de la película) la idea de que lo que vemos es lo que es, que en esa intimidad podemos ver “la verdad” de estos personajes. Acá es donde aparece la segunda paradoja: que esto se realice con escenarios de papel pintado que no pueden más que acentuar su artificialidad. La veracidad o no de lo que ven los personajes a través de la ventana es la pregunta que atraviesa la película, ¿el vecino mató o no a la mujer? Spoiler alert: la película se posiciona en el sí. Por lo que en este mundo, efectivamente, lo que vemos es lo que es. Podemos juzgar las vidas ajenas por su superficie. Por esta razón, cuando Grace Kelly ve la escena, se identifica con la soledad de Miss Lonelyhearts y hace sentido: porque esa soledad es veraz en este universo. Pero que sea verdad o no lo que ve, no cambia los efectos que tiene sobre ella. Así como yo que siempre me dejé hechizar por la elegancia de Lisa Fremont y no podía ver la tristeza profunda que la atraviesa con cada escena en que Jeff se desmarca de sus intentos de acercarse.

Nunca me había identificado con Grace Kelly, ¿cómo podría una verse reflejada en esa belleza eternizada e inalcanzable? Pero esta vez, la tristeza de esos ojos que miran a las vidas ajenas y se encuentran conmovidos se me apareció como una operación cotidiana. ¿Acaso no estamos todos los días viendo retazos perfectamente construidos de vidas ajenas que nos afectan? Todos los días tratamos de descifrar la verdad o no detrás de las imágenes que nos presentan “nuestros vecinos” y somos afectadxs por estxs, en ese sentido relacional e inevitable que implica el encuentro con el otro. Estas imágenes cotidianas nos afectan porque nos vemos en ellas o porque no nos vemos en ellas. 

Una vez más en la larga lista de reflexiones sobre las miradas en La ventana indiscreta, me quedo impactada por el poder distractivo que tienen el glamour y la belleza de esta película para mis pupilas. A pesar de los años, como espectadora sigo cayendo… porque es tan fácil y placentero dejarse seducir por la imagen construida.

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Mili Villar

Mili Villar

Codirectora