Narciso Lunar
1,17 x 1,62 mts. Técnica mixta s/tela
La imagen del joven que observa su reflejo en las aguas cristalinas del estanque hasta caer rendido por su propia visión pertenece al repertorio universal de las vanidades. Pero esta pose no le hace justicia al mito. El “Narciso Lunar”, en cambio, propone otro gesto: un cuerpo suspendido, como un acróbata en medio de su movimiento. El rostro, fundamental en las figuraciones clásicas, se oculta, escondido entre los pliegues de la contorsión. El estanque nocturno niega la posibilidad del reflejo, es un agua oscura en la que este bello está por sumergirse tan voluntariamente. El cuerpo desnudo, en su desafío a las leyes de la gravedad, parece entregarse, sacrificarse. En su relectura del mito Narcisista, Florencia Abadi propone que este personaje no es, como nos dicen, un egoísta que se ama. Sino que Narciso “sacrifica su cuerpo para sostener una imagen ideal”. La debilidad de esa imagen es la que el “Narciso Lunar” elude para dejarnos el cuerpo. Flotando en la constitución frágil de un esfuerzo, en el tiempo puro del gesto.
Milagros Villar
León Kabuki
1,20 x 1,60 mts. Técnica mixta s/tela
El ídolo se cierne sobre sí mismo, como si quisiera volver a un círculo materno cálido e inmenso. León Kabuki presenta al cuerpo casi doblado en dos, como si un afilado cuchillo marcase el compás de una pasión. En esa fundición de sí, el ídolo pierde contorno. La figura se desdibuja con una humareda blanca que la rodea y a la vez la conecta con un continuo externo, acaso su confusión de origen. Ahí, paradójicamente, parece surgir el hombre. ¿Qué hace que nos demos cuenta de que aún se trata de un hombre? quizás ese rostro que sufre mientras se inscribe en la superficie pictórica. Parece que es, en tanto singularidad absoluta, que ese ídolo de acrílico puede ofrecerse sacrificialmente a un público que se desvanece a su alrededor. En el sacrificio del ídolo hay dolor; su vida y su legado están condicionados a ser amado por esos otros sin rostro a los que desconoce, pero adora. A través de la contracción del cuerpo, un hombre adornado se entrega por completo. En esa muerte que no es otra cosa que un pedido por nacer a través de la mirada, se esconde la impenetrable soledad de ser artista, pero también su humanidad más inconfesable.
Ofelia Meza
Naturaleza viva
1,41 x 1,74 mts. Técnica mixta s/tela
Un hombre manipula con cuchillo y tenedor a un pavo aún con vida. Pese al forcejeo, su rostro permanece impasible y sus labios se cierran en un gesto indiferente. Su cuerpo está entre desnudo y despellejado, y todo lo que queda de una de sus manos es apenas un muñón. El cuerpo del ave, en cambio, está completo y se retuerce en un aullido de dolor. Si en la tradición pictórica de la naturaleza muerta el hombre se fugaba del cuadro para dar paso al culto silencioso de sus posesiones, aquí esa figura es su parte constitutiva. El silencio contemplativo de la naturaleza muerta es imposible. Aquí, el espectador ya no asiste cómodamente al espectáculo de la posesión inerte. Es en cambio testigo de un movimiento de desgarro y desintegración. La naturaleza viva de Bernardo Kehoe es un animal que grita, sale del cuadro y nos toca. Ante la naturaleza viva no existe la paz, sino la experiencia grotesca y cruel de la violencia. Lejos de aquella quietud alguna vez anhelada por los pintores, aquí los fragmentos de cuerpos se arremolinan en un movimiento centrífugo y ascendente. Acaso son los restos del sujeto de la sociedad de consumo que, degradando otros cuerpos, se degrada a sí mismo en la eterna danza de la descomposición.
Julia González Narvarte
Milanesas
1,20 x 1,25 mts. Técnica mixta s/tela
Milanesas o la ternera a contrapelo. Teñida o acaso colorida de nacimiento, una ternera nos devuelve la mirada. Está entre su vacada escondiendo el hocico mas no el cuerpo. Los tonos grises y marrones que la rodean le son ajenos, demasiado realistas para lo que es ella. Su pelo azul violeta resalta por sobre el aburrimiento del resto. Ella, única y extravagante, exhibe cómo a partir de manchas se crea una diferencia y cómo esa diferencia sabe ser la luz del cuadro. El desacato del círculo cromático. Con pinceladas cortas, precisas, punzantes y desviadas, Bernardo Kehoe ha compuesto las figuras animales. Si están amontonadas es porque le pertenecen a alguien y ese alguien las prepara para un posible futuro crujiente que el pintor muy divertida y maliciosamente ha nombrado como “milanesas”. Y sin embargo, lo que importa, incluso en las puertas del matadero, es sostener la pose. Seguir devolviendo la mirada y gozar del arte de la exhibición. Permitirse ser la ternera a contrapelo incluso en medio de los propios.
Melisa Silva
Oh!
1,10 x 1,40 mts. Técnica mixta s/tela
Mirar a una mujer mirar es una experiencia íntima y trágica. La concatenación de miradas nos posiciona en un loop sin fin, donde es difícil precisar quién es la observadora y quién la observada. La composición de la imagen nos lleva a repetir la pregunta una y otra vez, hasta desarmar la respuesta. No hay una mirada primigenia, solo mirar para existir. Los ojos, atrapados entre sombras de un pasado y un futuro que se ofrece en bandeja, no tienen más opción que mirar hacia adentro. En esa revelación de su devenir y la aceptación de lo que se deja atrás ocurre el reconocimiento: ¿soy otra?, ¿o me convierto cada vez más en mí misma?
Sofía Expósito
Parecerse
0,70 x 1,18 mts. Técnica mixta s/tela
Un kimono tiñéndose de ocaso, contagiado por una rama que ya ha hecho estallar a algún pájaro, dejando solo una silueta. Este es uno de los infinitos puntos de acceso a “Parecerse”. Según el dictum kantiano, lo bello está justamente ahí donde la imaginación se balancea plácida entre lo abisal de lo desconocido y el aplomo de las figuras de lo cotidiano. Kehoe nos invita a abandonarnos tranquilamente al juego libre de nuestras facultades, dibujando en todo nivel de sentido estructuras suficientes como para dejarnos llevar. El equilibrio es fundamental: la explosión de elementos sensibles es suficiente como para desembarazarnos del letargo de lo habitual, y así y todo invitarnos a transitar entre planos alegando un sentido total que nos complacemos en no alcanzar. Las líneas, siempre en paralelo, siempre contrapuestas, y la composición de los colores, que a medida que el ojo se aguza parecen brotar sin descanso en todo punto de la tela, dan luego pie en su baile a la reflexión sobre los “objetos” representados, también ellos danzando su danza. Este juego de espejos se acusa a sí mismo, sin embargo, en un gesto: una mirada capaz de hacer temblar toda identidad y toda creencia.
Tomás Solari Lima
Rufino Requejo au mirror
1,24 x 1,58 mts. Técnica mixta s/tela
Hay cuerpos que se perciben como cisnes en el agua, parecen dejar una estela, una música, una huella hecha de charis, de gracia indescriptible. Las personas que recuerdan a Rufino Requejo resaltan su ternura, alegría y glamour, incluso y sobre todo, en su moto por la urbe tucumana, donde se condecora como mito popular. ¿Cómo es posible captar todo eso en una imagen? Hay cuerpos que desbordarían cualquier retrato. Y el espejo es una forma generosa, tramposa, una nueva dimensión. Retratar con la perspectiva apoyada en el espejo es buscar cómo, en la fugacidad, la pose ampulosa conquista la mirada. Una mano asoma, detenida en un gesto. El resto es un reflejo, centrado, con los ojos cerrados, como quien está acostumbrado al impacto de la luz, a ser observado; como un artista que se entrega al público. Si con Baudelaire entendemos que lo ideal y lo eterno sólo se nos aparece a través de lo efímero, la pintura es capaz de congelar el tiempo para que podamos apreciar ese instante de belleza incapturable.
Melina Mendoza
Audrey
0,74 x 1,12 mts. Técnica mixta s/tela
Audrey nos muestra el desplazamiento de una energía: esa suerte de ráfaga de formas y colores en la que se mezclan líneas abstractas, flores y rayas que parecen pieles animales. En este torrente, las tonalidades oscilan entre lo vibrante –casi flúor– y lo apagado. Esta energía parece desprenderse de la mujer de espaldas o ir hacia ella; envuelve su silueta, alcanza su pelo y también su cuerpo. El paraguas que ocupa el fondo del cuadro también se ve impregnado por los destellos de color, evidenciando que es una parte constitutiva de la figura femenina: es un objeto que recoge también esa corriente de energía y, además, transforma a la mujer en una geisha. El contraste entre este ensamble de elementos y el fondo negro de la imagen –apenas teñido de celeste por los círculos que asoman a un costado– marca el carácter oscuro, tal vez trágico, de aquello que está por fuera de esta interacción, de todo lo que carece del brío y la potencia de esa carga cromática.
Agustina Buchbinder
La protección de la diosa
Díptico. 0,50 x 1,00 mts. y 50 x 40 cms. Técnica mixta s/tela
¿Es la diosa la que protege o es quien debe ser protegida? Entre el mar rosa, algunas intervenciones crean un mundo de texturas y superposiciones: entre líneas suaves y difuminadas, son pocos trazos claros y círculos perfectos los que crean figuras contra la atmósfera porosa. Este mundo no está protegido por estables y rígidas fronteras. No hay límites que definan claramente un interior y un exterior, la diosa está hecha de las texturas del mundo mismo. Los seres de cuatro patas que se recortan por sus líneas verdes y amarillas, acompañan; no están en guardia. En el salto díptico, otro ser se inclina, quizás rindiendo honores a la diosa. En su recuadro este ¿animal o mito? habita un espacio sin reglas, ya borrado el horizonte, un círculo se perfila como planeta, sol o aura que acompaña, ¿otra forma frágil de protección? Afectados mutuamente por la fuerza de una gravedad perpendicular, los dos cuadros crean un mundo de resguardos que se hacen y deshacen con sus habitantes.
Milagros Villar
Solo de mármol. El Hermafrodita
1,60 x 1,80 mts. Técnica mixta s/tela
¿Qué es lo que tengo delante mío? En “Solo de mármol, el Hermafrodita” se nos presenta un torso desnudo, exhibido sobre una base mientras cuatro sujetos lo observan con detenimiento. El fondo es oscuro y turbulento; el cuerpo, protagonista de la composición, se encuentra fragmentado y amputado. Los cuatro espectadores contrastan con su entorno: en ellos la pincelada es más consistente y, en algunos casos, se muestran claros y pulcros en relación con el contexto. Pienso en Hermafrodito, esta deidad andrógina surgida del deseo extremo de una ninfa por un joven, quien pidió fusionar sus cuerpos para siempre. Sin embargo, en la obra de Bernardo Kehoe el protagonista, más que un ser divino, parece un cuerpo fragmentado que posa de manera casi grotesca. La escena recuerda a los antiguos freak shows, donde los cuerpos considerados “anómalos” eran presentados como rarezas dignas de contemplación, estos contextos en los que los espectadores podían escapar por un momento de sus realidades para disfrutar de ciertas “inmoralidades”. En ese sentido, la obra me lleva a preguntarme: ¿por qué aquello que rechazamos en la vida cotidiana se vuelve espectáculo cuando se lo coloca en el contexto “correcto”?
Abril Fernández Olsiewicz
Elizabeth Cárdenas
1,20 x 1,34 mts. Técnica mixta s/tela
El dandi es un gesto en transición: no es, se convierte. Habita en los límites del género, mas no los reconoce si no hasta desafiarlos. Elizabeth Cardenas es un cuadro que nos presenta una visión poco explorada de este gesto, no es el “hombre amanerado” el que gesta conversaciones incómodas, si no una mujer. Cardenas se presenta desde arriba. Poderosa. Tanto que no podemos verle los ojos. El resto de su rostro se presenta similar a un desdén, casi como si su pose fuese un puesto menor. Se sabe vista, inevitable.¿Qué nos dice de su clase? ¿De su pensar? Como una presencia vampírica, nos adentra en el terreno de la fantasía con un pasar hipnótico. Cuanto menos entendemos, más queremos saber. Cuanto más vemos, más decae: Su piel se arruga. Su traje blanco, que contrasta en la tiniebla, empieza a entenderse manchado, oscurecido. Carece de extremidades y aún así se sostiene. Resulta ahí su magia. Es poder y es decadencia, es figura pero sin detalles. La mayor parte de su imagen se intuye y en esa intuición su cuerpo revive, tomando del espectador no algo físico, si no un fragmento de su pensamiento: el espacio entre sus dudas.
Lautaro Rolón
Haciendo puerta
1,60 x 1,80 mts. Técnica mixta s/tela
Lo que llama la atención de la obra es cierta tensión entre lo reconocido y lo descubierto. Lo reconocido y lo ya visto es el gran espectáculo del mundo, ya decadente. La figura central parece expresarlo y hasta sublimarlo, se vuelve una monumentalización del agotamiento. Pero lo que el artista nos descubre y regala es el detalle de lo particular. Trascendiendo la lucha abstracta, aparece una sugerente historia de amor entre culturas, un amor de folletín. Y el cliché del ramo de flores se destaca en una escena costumbrista algo grotesca. Nuestra visión de “mundo” se amplía al navegar la composición: el baile, asociado a la naturaleza y a la tierra (la iguana) se contrasta con la “otra” cultura, que de todas maneras es también una construcción propia, un objeto de nuestro afecto caracterizado según nuestros afectos. Y en el centro, magenta, opuesto al verde, aparece la estética como mercancía, el vestido, los zapatos y la cartera, que podría confundirse con una pava criolla. Alienada de la naturaleza, incapaz de bailar.
Rodrigo Sánchez Marino
Narciso Lunar
1,17 x 1,62 mts. Técnica mixta s/tela
La imagen del joven que observa su reflejo en las aguas cristalinas del estanque hasta caer rendido por su propia visión pertenece al repertorio universal de las vanidades. Pero esta pose no le hace justicia al mito. El “Narciso Lunar”, en cambio, propone otro gesto: un cuerpo suspendido, como un acróbata en medio de su movimiento. El rostro, fundamental en las figuraciones clásicas, se oculta, escondido entre los pliegues de la contorsión. El estanque nocturno niega la posibilidad del reflejo, es un agua oscura en la que este bello está por sumergirse tan voluntariamente. El cuerpo desnudo, en su desafío a las leyes de la gravedad, parece entregarse, sacrificarse. En su relectura del mito Narcisista, Florencia Abadi propone que este personaje no es, como nos dicen, un egoísta que se ama. Sino que Narciso “sacrifica su cuerpo para sostener una imagen ideal”. La debilidad de esa imagen es la que el “Narciso Lunar” elude para dejarnos el cuerpo. Flotando en la constitución frágil de un esfuerzo, en el tiempo puro del gesto.
Milagros Villar
León Kabuki
1,20 x 1,60 mts. Técnica mixta s/tela
El ídolo se cierne sobre sí mismo, como si quisiera volver a un círculo materno cálido e inmenso. León Kabuki presenta al cuerpo casi doblado en dos, como si un afilado cuchillo marcase el compás de una pasión. En esa fundición de sí, el ídolo pierde contorno. La figura se desdibuja con una humareda blanca que la rodea y a la vez la conecta con un continuo externo, acaso su confusión de origen. Ahí, paradójicamente, parece surgir el hombre. ¿Qué hace que nos demos cuenta de que aún se trata de un hombre? quizás ese rostro que sufre mientras se inscribe en la superficie pictórica. Parece que es, en tanto singularidad absoluta, que ese ídolo de acrílico puede ofrecerse sacrificialmente a un público que se desvanece a su alrededor. En el sacrificio del ídolo hay dolor; su vida y su legado están condicionados a ser amado por esos otros sin rostro a los que desconoce, pero adora. A través de la contracción del cuerpo, un hombre adornado se entrega por completo. En esa muerte que no es otra cosa que un pedido por nacer a través de la mirada, se esconde la impenetrable soledad de ser artista, pero también su humanidad más inconfesable.
Ofelia Meza
Naturaleza viva
1,41 x 1,74 mts. Técnica mixta s/tela
Un hombre manipula con cuchillo y tenedor a un pavo aún con vida. Pese al forcejeo, su rostro permanece impasible y sus labios se cierran en un gesto indiferente. Su cuerpo está entre desnudo y despellejado, y todo lo que queda de una de sus manos es apenas un muñón. El cuerpo del ave, en cambio, está completo y se retuerce en un aullido de dolor. Si en la tradición pictórica de la naturaleza muerta el hombre se fugaba del cuadro para dar paso al culto silencioso de sus posesiones, aquí esa figura es su parte constitutiva. El silencio contemplativo de la naturaleza muerta es imposible. Aquí, el espectador ya no asiste cómodamente al espectáculo de la posesión inerte. Es en cambio testigo de un movimiento de desgarro y desintegración. La naturaleza viva de Bernardo Kehoe es un animal que grita, sale del cuadro y nos toca. Ante la naturaleza viva no existe la paz, sino la experiencia grotesca y cruel de la violencia. Lejos de aquella quietud alguna vez anhelada por los pintores, aquí los fragmentos de cuerpos se arremolinan en un movimiento centrífugo y ascendente. Acaso son los restos del sujeto de la sociedad de consumo que, degradando otros cuerpos, se degrada a sí mismo en la eterna danza de la descomposición.
Julia González Narvarte
Milanesas
1,20 x 1,25 mts. Técnica mixta s/tela
Milanesas o la ternera a contrapelo. Teñida o acaso colorida de nacimiento, una ternera nos devuelve la mirada. Está entre su vacada escondiendo el hocico mas no el cuerpo. Los tonos grises y marrones que la rodean le son ajenos, demasiado realistas para lo que es ella. Su pelo azul violeta resalta por sobre el aburrimiento del resto. Ella, única y extravagante, exhibe cómo a partir de manchas se crea una diferencia y cómo esa diferencia sabe ser la luz del cuadro. El desacato del círculo cromático. Con pinceladas cortas, precisas, punzantes y desviadas, Bernardo Kehoe ha compuesto las figuras animales. Si están amontonadas es porque le pertenecen a alguien y ese alguien las prepara para un posible futuro crujiente que el pintor muy divertida y maliciosamente ha nombrado como “milanesas”. Y sin embargo, lo que importa, incluso en las puertas del matadero, es sostener la pose. Seguir devolviendo la mirada y gozar del arte de la exhibición. Permitirse ser la ternera a contrapelo incluso en medio de los propios.
Melisa Silva
Oh!
1,10 x 1,40 mts. Técnica mixta s/tela
Click Here
Mirar a una mujer mirar es una experiencia íntima y trágica. La concatenación de miradas nos posiciona en un loop sin fin, donde es difícil precisar quién es la observadora y quién la observada. La composición de la imagen nos lleva a repetir la pregunta una y otra vez, hasta desarmar la respuesta. No hay una mirada primigenia, solo mirar para existir. Los ojos, atrapados entre sombras de un pasado y un futuro que se ofrece en bandeja, no tienen más opción que mirar hacia adentro. En esa revelación de su devenir y la aceptación de lo que se deja atrás ocurre el reconocimiento: ¿soy otra?, ¿o me convierto cada vez más en mí misma?
Sofía Expósito
Parecerse
0,70 x 1,18 mts. Técnica mixta s/tela
Un kimono tiñéndose de ocaso, contagiado por una rama que ya ha hecho estallar a algún pájaro, dejando solo una silueta. Este es uno de los infinitos puntos de acceso a “Parecerse”. Según el dictum kantiano, lo bello está justamente ahí donde la imaginación se balancea plácida entre lo abisal de lo desconocido y el aplomo de las figuras de lo cotidiano. Kehoe nos invita a abandonarnos tranquilamente al juego libre de nuestras facultades, dibujando en todo nivel de sentido estructuras suficientes como para dejarnos llevar. El equilibrio es fundamental: la explosión de elementos sensibles es suficiente como para desembarazarnos del letargo de lo habitual, y así y todo invitarnos a transitar entre planos alegando un sentido total que nos complacemos en no alcanzar. Las líneas, siempre en paralelo, siempre contrapuestas, y la composición de los colores, que a medida que el ojo se aguza parecen brotar sin descanso en todo punto de la tela, dan luego pie en su baile a la reflexión sobre los “objetos” representados, también ellos danzando su danza. Este juego de espejos se acusa a sí mismo, sin embargo, en un gesto: una mirada capaz de hacer temblar toda identidad y toda creencia.
Tomás Solari Lima
Rufino Requejo au mirror
1,24 x 1,58 mts. Técnica mixta s/tela
Hay cuerpos que se perciben como cisnes en el agua, parecen dejar una estela, una música, una huella hecha de charis, de gracia indescriptible. Las personas que recuerdan a Rufino Requejo resaltan su ternura, alegría y glamour, incluso y sobre todo, en su moto por la urbe tucumana, donde se condecora como mito popular. ¿Cómo es posible captar todo eso en una imagen? Hay cuerpos que desbordarían cualquier retrato. Y el espejo es una forma generosa, tramposa, una nueva dimensión. Retratar con la perspectiva apoyada en el espejo es buscar cómo, en la fugacidad, la pose ampulosa conquista la mirada. Una mano asoma, detenida en un gesto. El resto es un reflejo, centrado, con los ojos cerrados, como quien está acostumbrado al impacto de la luz, a ser observado; como un artista que se entrega al público. Si con Baudelaire entendemos que lo ideal y lo eterno sólo se nos aparece a través de lo efímero, la pintura es capaz de congelar el tiempo para que podamos apreciar ese instante de belleza incapturable.
Melina Mendoza
Audrey
0,74 x 1,12 mts. Técnica mixta s/tela
Audrey nos muestra el desplazamiento de una energía: esa suerte de ráfaga de formas y colores en la que se mezclan líneas abstractas, flores y rayas que parecen pieles animales. En este torrente, las tonalidades oscilan entre lo vibrante –casi flúor– y lo apagado. Esta energía parece desprenderse de la mujer de espaldas o ir hacia ella; envuelve su silueta, alcanza su pelo y también su cuerpo. El paraguas que ocupa el fondo del cuadro también se ve impregnado por los destellos de color, evidenciando que es una parte constitutiva de la figura femenina: es un objeto que recoge también esa corriente de energía y, además, transforma a la mujer en una geisha. El contraste entre este ensamble de elementos y el fondo negro de la imagen –apenas teñido de celeste por los círculos que asoman a un costado– marca el carácter oscuro, tal vez trágico, de aquello que está por fuera de esta interacción, de todo lo que carece del brío y la potencia de esa carga cromática.
Agustina Buchbinder
La protección de la diosa
Díptico. 0,50 x 1,00 mts. y 50 x 40 cms. Técnica mixta s/tela
¿Es la diosa la que protege o es quien debe ser protegida? Entre el mar rosa, algunas intervenciones crean un mundo de texturas y superposiciones: entre líneas suaves y difuminadas, son pocos trazos claros y círculos perfectos los que crean figuras contra la atmósfera porosa. Este mundo no está protegido por estables y rígidas fronteras. No hay límites que definan claramente un interior y un exterior, la diosa está hecha de las texturas del mundo mismo. Los seres de cuatro patas que se recortan por sus líneas verdes y amarillas, acompañan; no están en guardia. En el salto díptico, otro ser se inclina, quizás rindiendo honores a la diosa. En su recuadro este ¿animal o mito? habita un espacio sin reglas, ya borrado el horizonte, un círculo se perfila como planeta, sol o aura que acompaña, ¿otra forma frágil de protección? Afectados mutuamente por la fuerza de una gravedad perpendicular, los dos cuadros crean un mundo de resguardos que se hacen y deshacen con sus habitantes.
Milagros Villar
Solo de mármol. El Hermafrodita
1,60 x 1,80 mts. Técnica mixta s/tela
¿Qué es lo que tengo delante mío? En “Solo de mármol, el Hermafrodita” se nos presenta un torso desnudo, exhibido sobre una base mientras cuatro sujetos lo observan con detenimiento. El fondo es oscuro y turbulento; el cuerpo, protagonista de la composición, se encuentra fragmentado y amputado. Los cuatro espectadores contrastan con su entorno: en ellos la pincelada es más consistente y, en algunos casos, se muestran claros y pulcros en relación con el contexto. Pienso en Hermafrodito, esta deidad andrógina surgida del deseo extremo de una ninfa por un joven, quien pidió fusionar sus cuerpos para siempre. Sin embargo, en la obra de Bernardo Kehoe el protagonista, más que un ser divino, parece un cuerpo fragmentado que posa de manera casi grotesca. La escena recuerda a los antiguos freak shows, donde los cuerpos considerados “anómalos” eran presentados como rarezas dignas de contemplación, estos contextos en los que los espectadores podían escapar por un momento de sus realidades para disfrutar de ciertas “inmoralidades”. En ese sentido, la obra me lleva a preguntarme: ¿por qué aquello que rechazamos en la vida cotidiana se vuelve espectáculo cuando se lo coloca en el contexto “correcto”?
Abril Fernández Olsiewicz
Elizabeth Cárdenas
1,20 x 1,34 mts. Técnica mixta s/tela
El dandi es un gesto en transición: no es, se convierte. Habita en los límites del género, mas no los reconoce si no hasta desafiarlos. Elizabeth Cardenas es un cuadro que nos presenta una visión poco explorada de este gesto, no es el “hombre amanerado” el que gesta conversaciones incómodas, si no una mujer. Cardenas se presenta desde arriba. Poderosa. Tanto que no podemos verle los ojos. El resto de su rostro se presenta similar a un desdén, casi como si su pose fuese un puesto menor. Se sabe vista, inevitable.¿Qué nos dice de su clase? ¿De su pensar? Como una presencia vampírica, nos adentra en el terreno de la fantasía con un pasar hipnótico. Cuanto menos entendemos, más queremos saber. Cuanto más vemos, más decae: Su piel se arruga. Su traje blanco, que contrasta en la tiniebla, empieza a entenderse manchado, oscurecido. Carece de extremidades y aún así se sostiene. Resulta ahí su magia. Es poder y es decadencia, es figura pero sin detalles. La mayor parte de su imagen se intuye y en esa intuición su cuerpo revive, tomando del espectador no algo físico, si no un fragmento de su pensamiento: el espacio entre sus dudas.
Lautaro Rolón
Haciendo puerta
1,60 x 1,80 mts. Técnica mixta s/tela
Lo que llama la atención de la obra es cierta tensión entre lo reconocido y lo descubierto. Lo reconocido y lo ya visto es el gran espectáculo del mundo, ya decadente. La figura central parece expresarlo y hasta sublimarlo, se vuelve una monumentalización del agotamiento. Pero lo que el artista nos descubre y regala es el detalle de lo particular. Trascendiendo la lucha abstracta, aparece una sugerente historia de amor entre culturas, un amor de folletín. Y el cliché del ramo de flores se destaca en una escena costumbrista algo grotesca. Nuestra visión de “mundo” se amplía al navegar la composición: el baile, asociado a la naturaleza y a la tierra (la iguana) se contrasta con la “otra” cultura, que de todas maneras es también una construcción propia, un objeto de nuestro afecto caracterizado según nuestros afectos. Y en el centro, magenta, opuesto al verde, aparece la estética como mercancía, el vestido, los zapatos y la cartera, que podría confundirse con una pava criolla. Alienada de la naturaleza, incapaz de bailar.
Rodrigo Sánchez Marino
Picture of Bernardo Kehoe Capparelli

Bernardo Kehoe Capparelli

Bernardo Kehoe Capparelli, Lic. en Artes Plásticas, Univ. Nac. de Tucumán. Discípulo de Miriam Holgado y Joaquín Ezequiel Linares. Actor, Conservatorio “Ramón Serrano”. Río de Janeiro, taller del maestro Luis D´Aquila. Dde. 1971 participa en actividades multidisciplinarias. Es docente, artista plástico, actor, vestuarista, caracterizador, entrenador expresivo, autor y director teatral, escenógrafo y cantante. Estudió canto con Dani Natanson, Karina K, Lucía Maranca y Bárbara Togander. Vocalista en Hot Jazz Band Argentina y bandas propias. Reconocido mejor vocalista masculino, Bajazz Magazine. Casa de la Cultura de S. M. de Tucumán con Elizabeth Cárdenas, Noche de los Museos. En S. M. de Tucumán en La Facultad de Artes, Caja Popular de Ahorro y Casa de la Cultura. Kehoe in verso, de Nicole Robert-Barromé, libro de poesías sobre sus pinturas. “Cuarenshows”, producción colectiva de performance musical creadas en cuarentena, premiados por el INT. “El cisne equivocado”, Doc. de Lucila Frank Salomón y Andrea Morasso sobre su vida y obra, Mención del Jurado, Festival Internac. Tucumáncine. “Esta noche en Hotel Central”, corto doc. de Daniel Casabé, premio del Público, Festival Escenario.

Publicaciones: “Entre maestros y utopías-Ocho artistas tucumanos contemporáneos”, Alejandra Wyngaard, EDUNT (2010); “Manual Tucumán de arte contemporáneo-Hacia la comprensión de nuestro arte en el siglo XXI”, Carlota Beltrame, Carlota Beltrame Editora (2011).

Picture of Bernardo Kehoe Capparelli

Bernardo Kehoe Capparelli

Bernardo Kehoe Capparelli, Lic. en Artes Plásticas, Univ. Nac. de Tucumán. Discípulo de Miriam Holgado y Joaquín Ezequiel Linares. Actor, Conservatorio “Ramón Serrano”. Río de Janeiro, taller del maestro Luis D´Aquila. Dde. 1971 participa en actividades multidisciplinarias. Es docente, artista plástico, actor, vestuarista, caracterizador, entrenador expresivo, autor y director teatral, escenógrafo y cantante. Estudió canto con Dani Natanson, Karina K, Lucía Maranca y Bárbara Togander. Vocalista en Hot Jazz Band Argentina y bandas propias. Reconocido mejor vocalista masculino, Bajazz Magazine. Casa de la Cultura de S. M. de Tucumán con Elizabeth Cárdenas, Noche de los Museos. En S. M. de Tucumán en La Facultad de Artes, Caja Popular de Ahorro y Casa de la Cultura. Kehoe in verso, de Nicole Robert-Barromé, libro de poesías sobre sus pinturas. “Cuarenshows”, producción colectiva de performance musical creadas en cuarentena, premiados por el INT. “El cisne equivocado”, Doc. de Lucila Frank Salomón y Andrea Morasso sobre su vida y obra, Mención del Jurado, Festival Internac. Tucumáncine. “Esta noche en Hotel Central”, corto doc. de Daniel Casabé, premio del Público, Festival Escenario.

Publicaciones: “Entre maestros y utopías-Ocho artistas tucumanos contemporáneos”, Alejandra Wyngaard, EDUNT (2010); “Manual Tucumán de arte contemporáneo-Hacia la comprensión de nuestro arte en el siglo XXI”, Carlota Beltrame, Carlota Beltrame Editora (2011).

Más obras del artista