metamorfosis pop

Un video se vuelve viral, una joven estrella realiza un hazaña impensada: imitar a Rihanna y salir no sólo airoso, sino fortalecido. Es más impresionante cuando esa estrella es un joven de 20 años conocido por ser el nuevo Spider Man de la franquicia de Marvel. Tom Holland es un joven musculoso ligado a un imaginario bélico y militar que debe imitar a una mujer considerada una bomba de sensualidad y erotismo, una mujer negra y poderosa, una de las estrellas pop más eclécticas y adoradas de nuestro siglo, prácticamente la mujer maravilla. 

En el 2017 Tom Holland participó de un programa televisivo norteamericano que consiste en representar espectáculos musicales de artistas conocidos. Sería lo que en Argentina fue copiado como Tu cara me suena (aunque afortunadamente en la versión yanqui no tienen que cantar). A pesar de ser un video ya antiguo para los tiempos de internet, el año pasado volvió a tener un boom luego del estreno de la segunda película de Spider Man.

En el mundo de internet, quien logre sobrevivir en el tiempo es porque probablemente logra abordar algo que atraviesa nuestra cultura. Dentro del universo visual compartido, los memes ocupan un lugar central, algunos de ellos trabajan sobre una imagen conocida que resignifican en cada nuevo contexto de uso. En la Argentina algunas de esas imágenes provienen de películas como Esperando la carroza, de personajes ya míticos como Ricky Fort o de series más globalmente reutilizadas como Los Simpson. La repetición de estas imágenes genera que a veces perdamos de vista el referente original pero que igual funcione sobre los miles de nuevos sentidos que van asentándose sobre estas.

El clip del joven hombre araña bailando como Rihanna logra sobrevivir durante dos años en internet: una eternidad. Esto me hizo preguntarme, en nuestro universo visual compartido ¿Cuántas capas de sentidos se asientan sobre esta performance y qué es lo que logra redefinir sobre estas? Para esto vamos a hacer un pequeño viaje por sus referentes originales.  

La primera parada de este recorrido es 1954 con el éxito musical de la época dorada de Hollywood: Singing in the Rain (Dir. Stanley Donen). El video de Holland comienza con el actor en el centro del escenario, vestido de traje con un sombrero de los años 50 y un paraguas en su mano, comienza la música y con él un paso motor del movimiento del baile. Escuchamos la canción que inmortalizó a Gene Kelly, el hito musical de la película (del mismo nombre). El cuerpo de Tom se acopla a 1954: sus pasos, el tap, los giros, es como ver a Kelly moviéndose por el mismo escenario de papel pintado de la famosa película.

El joven se mueve en un eje horizontal, mientras avanza hacia la izquierda del cuadro y se abraza a una farola, igual que Gene en la película. Quizás no la hayan visto, pero no es necesario, así como no es necesario haber visto todos los capítulos de Los Simpson (les pido disculpas) para captar las referencias: circulan por el mundo visual. A través de este film somos trasladadxs al universo del Hollywood dorado hace tiempo perdido. Se trata de la primera metamorfosis de Tom: de joven centenial al galán de los años 50, de estrella de Marvel a estrella de musicales.

Holland baja de la farola y se desliza detrás de unos paraguas abiertos que lo esconden. Se eleva el decorado de papel pintado mientras un grupo de bailarines varones entra al centro del escenario y empieza a sonar “Umbrella” de Rihanna. El público, la música, el baile, las luces, todo estalla con la reaparición del joven en su segunda parada por este recorrido y su segunda metamorfosis: Holland con labios de rubí, vestido con medias de nylon negras, un short de cuero apretado, un chaleco burlesque y la peluca imitando el corte de pelo de la cantante en el videoclip.

El look que imita Tom en su performance es en el que ella se encuentra con unas medias de red en un trajecito típicamente de burlesque y el paraguas como accesorio que estiliza su figura. En ese fragmento los pequeños movimientos de Rihanna son cortados por un montaje rápido y dinámico que se detiene en las poses en las que mira a cámara y puede ser admirada por el espectador. Por el contrario, Holland es puro movimiento, corre de un lado a otro del escenario, salta sobre el agua, salpica y no para de moverse un segundo.

Me resulta hipnótico cada vez que lo veo, cuan en serio él se toma el papel que está encarnando. Se ve que no es una parodia de un joven imitando una sensualidad femenina: es la encarnación efectiva de ese erotismo. ¿Qué forma toma este erotismo? Si vemos el video original de esta canción, Rihanna lo pone en juego a través de la elasticidad. Corporalmente se construye en relación a la fluidez del agua, juega formando figuras acuáticas en la pantalla y dejándose atrapar por estas. En cambio, Holland es pura fuerza y energía que estalla en cada compás, destila un erotismo que se mueve entre la fluidez de las curvas y la potencia de los músculos. Así él encuentra el modo de presentar su propio modo de feminidad.

“Umbrella” fue lanzada en el año 2007 y formó parte Good Girl Gone Bad, disco con el que se dió a conocer la nueva faceta de Rihanna. Con este se alejó de la estética de princesa adolescente  que había marcado sus dos primeros discos, para convertirse en la figura que destila sensualidad y fuerza de los años posteriores. Inaugura así su etapa de metamorfosis constantes característica de las estrellas pop. Como dice Taylor Swift en su documental Miss Americana, es prácticamente un mandato para las artistas mujeres que logren transformarse incansablemente para seguir estando vigentes.

Uno de los elementos fundamentales de esta primera metamorfosis es su corte de cabello. Si nos posicionamos en el 2007, hace sólo dos años se estrenó Aeon Flux (2005), una película de acción basada en una serie de animación norteamericana, protagonizada por Charlize Theron y la siguiente parada en este recorrido de referentes visuales. Rihanna basó su corte de pelo de ese momento en este personaje, y es a partir de este detalle estilístico, entre tantas transformaciones estéticas, que encuentro el elemento unificador entre Spider Man y Rihanna. Aeon Flux es el nombre de la protagonista: una agente secreto en un universo pos apocalíptico en el que se extinguió la mitad de la población.

Aeon va vestida en un mono negro apretado mientras salta por las paredes, utiliza armas de fuego, explota estructuras, etc. Creo que pueden hacerse rápidamente una idea porque la imagen la hemos visto miles de veces: es Lara Croft, es la Viuda Negra de Marvel, es todas las versiones de Gatúbela (ver https://revistaencuadra.com.ar/2019/08/30/el-goce-felino/), es un tropo harto conocido. Uno de los elementos que caracteriza y une a estos personajes es la mezcla de la fuerza física y la elasticidad, configurada en gran parte por sus trajes ceñidos al cuerpo.

Es interesante que Spider Man también usa un traje ceñido al cuerpo, pero el efecto es diferente. Porque en el joven superhéroe este es utilizado para resaltar todos sus músculos, mientras que en estas mujeres son utilizados para resaltar sus curvas. La diferencia es fuerza vs. elasticidad. Es por esto que la performatividad elástica y fuerte de Aeon Flux es la intermediación perfecta que une a Tom Holland y Rihanna en esta red de imágenes, potencias y cuerpos. Se encuentra en medio del cuerpo militarizado del joven hombre araña y la sensualidad elástica de la estrella pop.

Entonces, ¿Qué redefine Tom Holland con las metamorfosis que elabora en su clip?

La masculinidad que él representa en el presente y que puede anclar también en el pasado de la historia del cine clásico estalla rápidamente. Su fuerza y energía en el baile rompen también con la caracterización de esa feminidad elástica que Rihanna encarna y que puede ser constelada con todas estas mujeres fuertes y elásticas, vestidas para subrayar sus curvas y escotes, para resaltar la hegemonía en la belleza que Hollywood y el mundo necesita. La performance de Tom holland es queer, no es su cuerpo bélico de superhéroe (también hegemónicamente bello), no es el galán clásico, no es la sensual elasticidad de Rihanna o de Aeon. Es gris, es intermedio, es todas estas imágenes, es todos esos cuerpos y no es ninguno, por eso permite tantas capas de sentidos, por eso permite pensar tantas potencias de la imagen y del cuerpo, por eso logra volver a resignificar estos productos.

Este performance es queer porque no hay modo de asentarlo en una norma, rompe cada una de las que establece y las pone en relación de un modo que detona la capacidad de asignarles un sentido unívoco. Es un gran ejemplo de nuestra cultura visual actual en la que las imágenes están saturadas de imágenes y los cuerpos saturados por las posibilidades de otros cuerpos. Y en un momento en el que nos preguntamos por la fluidez de los roles de género y la fluidez de nuestras sexualidades, por las potencias de cuerpos que están fuera de la norma, reaparecen estas imágenes porque nos permiten vislumbrar estas posibles transformaciones. No es que Tom Holland sea un revolucionario o un ícono LGBT, pero su performance tiene una potencia que lo excede, y ese excedente es nuestro para explotarlo.

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Mili Villar

Mili Villar

Codirectora